lunes, septiembre 04, 2006

A PROPÓSITO DE UNA FOTO II

(PARA ENDULZAR UN POCO ESTE LUNES, SE RECOMIENDA LEER ESTO CON UNA COPA DE FRANGELICO)

Manuel M. Flores, Xavier Villaurrutia, Rubén Bonifaz Nuño y Luis de Góngora; creo que no fue mala la elección de los poemas. Claro que pude haber puesto muchísimos otros; por ejemplo, recuerdo a Vallejo

HECES
Esta tarde llueve, como nunca; y no
tengo ganas de vivir, corazón.

Esta tarde es dulce. ¿Por qué no ha de ser?
Viste de gracia y pena; viste de mujer.

Esta tarde en Lima llueve. Y yo recuerdo
las cavernas crueles de mi ingratitud;
mi bloque de hielo sobre su amapola,
más fuerte que su "No seas así!"

Mis violentas flores negras; y la bárbara
y enorme pedrada; y el trecho glacial.
Y pondrá el silencio de su dignidad
con óleos quemantes el punto final.

Por eso esta tarde, como nunca, voy
con este búho, con este corazón.

Y otras pasan; y viéndome tan triste,
toman un poquito de ti
en la abrupta arruga de mi hondo dolor.

Esta tarde llueve, llueve mucho. ¡Y no
tengo ganas de vivir, corazón!

Desalentador ¿verdad? Además está nublado y desperté con una enfermedad llamada nostalgia que hace años aprendí que era algo así como dolor del alma. Pero ahorita llegamos a eso.
Resulta que después de todo eso que conté en el texto anterior, al final me quedé con varias cosas. Y no, no fueron retratos, ni una blusa negra, ni un par de tobilleras y mucho menos un par de artes que tampoco guardo en el cofre que no compré en Coyoacán. Me refiero a algo un poco más inútil que lo no enumerado arriba. Cuando la conocí, una fría mañana de viernes de octubre en yo estaba disfrutando mis primeras clases con Huberto Bátis en la Facultad de Letras, simplemente me dejó boquiabierto, unos meses después rememoraba ese encuentro y el 9 de mayo, en una cafetería del sur, escribí la letra de una canción que se llama "Entre tus tardes"; claro, la broma entre mis amigos y compañeros músicos no se hizo esperar, le pusieron "Entre tus piernas" y me daban las razón cada vez que la veían pasar. El Tigre Eduardo Lizalde escribió en La zorra enferma un poema que me recuerda esos esplendorosos diecinueve años de tan egregia mujer.

BELLÍSIMA

Óigame usted, bellísima,
no soporto su amor.
Míreme, observe de qué modo
su amor daña y destruye.
Si fuera usted un poco menos bella,
si tuviera un defecto en algún sitio,
un dedo mutilado y evidente,
alguna cosa ríspida en la voz,
una pequeña cicatriz junto a esos labios
de fruta en movmiento,
una peca en el alma,
una mala pincelada imperceptible
en la sonrisa...
yo podría tolerarla.

Pero su cruel belleza es implacable,
bellísima;
no hay una fronda de reposo
para su hiriente luz
de estrella en permanente fuga
y desepera comprender
que aun la mutilación la haría más bella,
como a ciertas estatuas.

Como verán, más que contar una historia que sólo me incumbe a mí y que ni siquiera es única escribo para tener un pretexto y compartir mis poemas preferidos. Dirán ustedes que debiera tener la decencia de ponerlos sin más, pero entonces perdería sentido este blog. En fin, sigo con los "anecdotazos", como diría Manolito.
Después llegaron "Lamento" y "Fuga", dos canciones que espero poder compartir pronto con ustedes. En tres movimientos, a lo largo de un año, esas canciones relatan esa parte de mi vida.
¿Por qué estaba contando esto? Ah sí, porque está nublado y me siento nostálgico, un poco melancólico y encabronadamente triste; lo siento, prometo escribir cosas más interesantes. Mientras, un poco más de sal en esta vital herida. El necesario Bonifaz, esta vez me resulta apremiante.

Para los que llegan a las fiestas
ávidos de tiernas compañías,
y encuentran parejas impenetrables
y hermosas muchachas solas que dan miedo
—pues uno no sabe bailar, y es triste—;
los que se arrinconan con un vaso
de aguardiente oscuro y melancólico,
y odian hasta el fondo su miseria,
la envidia que sienten, los deseos;

para los que saben con amargura
que de la mujer que quieren les queda
nada más que un clavo fijo en la espalda
y algo tenue y acre, como el aroma
que guarda el revés de un guante olvidado;

para los que fueron invitados
una vez; aquéllos que se pusieron
el menos gastado de sus dos trajes
y fueron puntuales; y en una puerta
ya mucho después de entrados todos
supieron que no se cumpliría
la cita, y volvieron despreciándose;

para los que miran desde afuera,
de noche, las casas iluminadas,
y a veces quisieran estar adentro:
compartir con alguien mesa y cobijas
vivir con hijos dichosos;
y luego comprenden que es necesario
hacer otras cosas, y que vale
mucho más sufrir que ser vencido;

para los que quieren mover el mundo
con su corazón solitario,
los que por las calles se fatigan
caminando, claros de pensamientos;
para los que pisan sus fracasos y siguen;
para los que sufren a conciencia
porque no serán consolados,
los que no tendrán, los que no pueden escucharme;
para los que están armados, escribo.

Hasta aquí la dichosa foto. Sólo fue una provocación para recordar y reirme un rato, además de aburrirlos. Para terminar y seguir buscando a Ely Guerra, Michelle Vieth y a Ana de la Reguera, además de recordarla por última vez, un poema de José Francisco Conde.
Saludos

JFC

PLAGIO

¿Qué pasa?

Sólo que te amo.
Que tu ausencia me ha dañado
y que la ciudad sin ti, ha quedado vacía.
Eso es todo.

Aunque la verdad,
no es para tanto.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Por qué los amores semi-olvidados sirven para sacar lo mejor de nuestra biblioteca?
(como si lo merecieran)

Anónimo dijo...

Bueno, de algo sirven, además de dejar cicatrices.