sábado, noviembre 07, 2009

ADIOS

Aunque las lágrimas que tengo son para los muertos, tal vez mis ojos brinden alguna por ti. De ti no sé qué escribir si no es alguna línea más. Recuerda que a partir de tus ojos miel empiezo a preferir el cianuro al tehuacán. Imagina que un seis de diciembre tomaré una amarga copa y musitaré tu nombre a media voz. A media voz... No creas que te escribo a ti. A nadie en particular salen estas líneas.

jueves, octubre 15, 2009

ERNESTO CARDENAL

El maestro Cardenal en la Fundación para las Letras Mexicanas, en donde escribo mis versitos. Cuando leyó el Epigrama, el segundo poema de la tarde, sentía ganas de beber una cerveza y gritar como si fuera un concierto de Metallica.
En la segunda foto está Ingrid Solana, compañera ensayista que presentó junto a Jorge Mendoza Romero al vate nicaragüense.

Las fotos son de Ramón Castillo, compañero de la especialidad de ensayo.

Aquí les dejo el poema.

EPIGRAMA
Al perderte yo a ti, tú y yo hemos perdido:
yo, porque tú eras lo que yo más amaba,
y tú, porque yo era el que te amaba más.
Pero de nosotros dos, tú pierdes más que yo:
porque yo podré amar a otras como te amaba a ti,
pero a ti nadie te amará como te amaba yo.

lunes, septiembre 21, 2009

CARTA A UN AMIGO

El tiempo pasa con prisa. A veces se estaciona en largos días pero siempre recupera su paso. Los años se suceden en paquidérmica certeza y nuestros ojos se pueblan de historias sin fin. El sábado te casaste. No puedo dejar de pensar en el día en que te conocí: llegaste con un tipo al que acababa de conocer en el metro Pantitlán. Él dijo que era bajista, yo empezaba en los avatares de la música. Llegaste con él a casa y pediste entrar al baño. Después tú te hiciste el bajista del grupo. Estuvimos juntos casi cinco años entre bares, fiestas y cervezas. En el rincón brujo platicábamos de todo aquello que en nuestra ardorosa post adolescencia cobraba relevancia inusitada. Alguna mujer, alguna materia, un partido de la selección o el barniz negro comprado en el tianguis se hacían trascendentalmente insulsos.

También tomábamos café en la Zona Rosa, me volaba alguna clase de Bellas Artes y Víctor, tú y yo teníamos en esa taza un futuro promisorio.

Míranos ahora. En un salón de fiesta en donde ya no es la boda de Michel ni algun toquín pagado en dólares nos sentamos tres ex integrantes de Caracol Nocturno. Es tu boda. De los cinco que soñábamos con vivir del rock tres han claudicado, tú entre ellos, sólo dos quedamos en la música viviendo por ella. ¿Quién se equivocó amigo? Nunca lo sabré de cierto.

Un pastel, pollo en alguna salsa y una botella de espantoso tequila acompañan las bromas y las risas que siempre son las mismas, o por lo menos siempre las disfruto. Con ustedes crecí y mi juventud transcurre entre ustedes.

¿Te acuerdas, querido amigo, de aquel viaje a Acapulco? Tomamos un autobús a las once de la noche y llegamos a las seis de la mañana para beber un café infernalmente caliente en el puerto que tenía treinta grados sobre su amanecer. Fui por una mujer, le canté y le dije que la quería. Te cuento que ella sigue rondando por ahí, indecisa de entrar a mis brazos otra vez. No importa mucho. En tu boda me di cuenta de la música que un vestido rojo puede provocar en mí.

Y mis historias devienen en kilos y arrugas de más, con menos dinero y más deudas, con el arrebato de saber perdida la batalla. Los absolutos en los que creía han ido cediendo su lugar para dejar sólo dudas.

¿Te conté de mi vida? Creo que no. No ha cambiado mucho. Sigo haciendo lo mismo desde hace años. Canto, toco y escribo. De vez en vez me enamoro y bebo en alguna cantina del centro. Ahora mi boca apunta indecorosamente hacia un nuevo sueño que se cocina entre mis huesos. No sé cómo termine. ¿Sabes? Ya no me importa. Sé que de amor nadie se muere y he aprendido que nadie muere de ausencia, que se olvida. Que sólo son dolores que se acumulan en el alma los que a veces nos mueven a reventar una lágrima en el Eje Central.

No sé si la viste. Te veías ocupado con ese trámite del casorio. Está exactamente a un metro con sesenta y tres centímetros sobre el nivel del mal. Los tacones tal vez añadieron un poco de estatura. Su vestido rojo largo estrechaba su talle hasta coquetar con la perfección. Su espalda blanca y tersa se volvió la obsesión de mis manos. Cada línea que escribí de su canción adquirió un cariz distinto. Ella caminaba en seis octavos, sus pasos daban un ritmo sutil a la vida del norte de la ciudad y mis ojos se perdían en el color miel de los suyos. Su voz franca, fuerte y de una áspera dulzura se regodeaba en mi oído para contarme algo, una travesura o un sueño.

Todo se acabó a las tres y media de la mañana. No sé qué estarías haciendo tú, amigo. Yo la dejé en la puerta de su casa, la besé y le dije que la quería. Sus ojos cansados me respondieron indescifrablemente y me fui casa a soñar con ella.

Amigo, nos falta una boda. Porque Víctor y yo seguimos aferrados a no dejar la soltería. De vez en cuando me imagino en sus brazos y sonrío. A veces me como un paste. En ocasiones canto en un bar de Satélite una canción de Metallica junto a ella. Un beso largo y suave, con su lengua venciendo en mis labios, se desdibuja con el paso de las horas. Esas, amigo, que se suceden en paquidérmica certeza mientras nuestros ojos y manos y labios se pueblan de nuevas historias.

JFC

viernes, septiembre 18, 2009

DE LOS PASTES Y OTROS DEMONIOS


Desde Wikipedia:
"El paste fue introducido a Hidalgo, junto con la minería y el fútbol por los ingenieros y las contratistas de Cornwall, Inglaterra que trabajaron en las minas hidalguenses en el siglo XIX.

Los pastes originales, de papa (patata) y picadillo de carne, guardan el calor y para la hora del almuerzo aún se conservaban calientes, la trencita de pan que tienen en un costado se usaba para sujetarlos y no la comían los mineros ya que no tenían oportunidad de lavarse las manos. En la actualidad se ha modificado mucho el paste, pero aún existen pequeños locales que guardan la receta original y la verdadera esencia del paste tradicional.

Como sucede con el caso de la pizza mexicana; el paste pasó un proceso de adaptación en suelo hidalguense, hoy en día se tienen variedades de paste rellenos de platillos tradicionales de la cocina mexicana como el mole; ingrediente que se distingue en un sincretismo culinario muy peculiar."

No es exacto. Lo siento, la omnipresente Wikipedia se equivoca rotundamente. Acaso, sólo es inexacta. Concedo.

En un paste, digamos de Ciudad Sahagún, cabe todo el aroma de la Alameda Central en un primer beso; la anchura de la Calzada México Tacuba a las dos de la mañana con el sabor dulce en los labios del ósculo certero que anuncia la despedida, asaz los ojos miel inmensamente profundos que evocan todas las metáforas del mundo; incluso cabe ese mínimo asomo de esperanza que se resbala por la medula de los huesos.

Inexistentes y abandonados lectores, no he escrito por desidia, por pereza, por baquetón, pues. Pero mi vida se voltea, se revuelca y en su desfile interminable de posibilidades me deja varado con más dudas que certezas. Obtuve una beca para escribir y en cuanto esté instalado les digo la noticia completa. Me deben lana del Vive. Dejo la burocracia cultural para dedicarme a Vodeler, a mi beca y al teatro. Quiero seguir actuando ya que se metió como dolor entre las muelas.

Pero por unos minutos disfrutables, con un paste crujiente entre los dientes, olvidé todas y cada una de las aristas de la cotidianidad: crisis, falta de agua, empleo, Arias (Raúl, of course), y la selénica indecisión que no me ha dejado en varios años. Pensé en ti y pensé que pensaste en mí. De Hidalgo a Ciudad Universitaria caminaron tus pasos y mis sueños.

Claro, también puede ser que (parafraseando a Freud) a veces un paste, sea sólo un paste.

JFC


martes, agosto 25, 2009

LO SABÍA

What Beatle are you?

John Lennon

You enjoy poetry, painting & a fine wine. A lover not a fighter.

Personality Test Results

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martes, julio 28, 2009

MARIPOSAS LOCAS

Queridos e inexistentes lectores, les cuento que tuve el gusto de presentar el libro Mariposas locas del amigo Tomás Licea. Un buen libro que les recomiendo ampliamente. Supongo que está en a la venta en librerías de la UAM. Para que se animen, aquí les dejo una muestra del poemario.

JFC

PS. Que conste: para los lectores que por alguna inexplicable razón conocen algo de mi vida privada, este poema no tiene ninguna relación conmigo. Digo, por si las dudas.

LA OTRA MITAD

Eres la otra mitad que me
completa
porque tienes el rostro angelical
de una clarisa,
la inocencia perfecta de una
adolescente,
el romanticismo de la luna
de octubre,
la pureza cristalina de las aguas
del río,
un cuerpo escultural de bailarina;
y esos modos, tan tuyos,
de puta callejera.

martes, julio 14, 2009

CÓMO HEMOS CAMBIADO

Inexistentes lectores, aquí estoy escribiendo para ustedes después de un tiempo de no hacerlo. Cumplí 26 años en medio del hastío y la alegría, del dolor y de la sonrisa, de la cerveza y de la comida a las tres de la tarde en una burocrática fonda del centro histérico. Estoy esperando... espero mientras los primeros días de mis 26 se suceden sin pasión. Te espero a ti, a que te decidas; espero tu beso; espero no haberme equivocado; espero resultados; espero terminar ciclos; espero tantas cosas. Ahora, por cierto, espero una llamada.


Mi vida es muy distinta a la que imaginé alguna vez. Tal vez ni siquiera me imaginé a mis ya veintitantos años. No estoy satisfecho. Estoy contento pero no satisfecho. Me faltan tantas cosas por hacer que espero cumplir con todo, con mi vida. Alguien me dijo que entre más alta la nube más fuerte era el golpe. Eso sí, pasan los años y mi nube vuela cada vez más alto; ergo, el madrazo será durísimo. Espero que no me rompa el cuello cuando llegue.


Estas divagaciones a propósito de esperas surgieron en la mente que hay en mi cabeza (a veces) al enterarme de que una mujer, un primer gran amor y dolor a la vez estaba en la ciudad. Algunas canciones, cuentos y tardes cayeron en mi candorosa piel a su lado. Yo tenía 19 años. Y lloré como sólo a esa edad pude haberlo hecho. Se fue y pasé largas noches lamentando su partida. Me puse la soledad como cota de malla entre la camisa y la piel y seguí con mi vida. Desde entonces me he vuelto mejor músico, he publicado, ya trabajo, han pasado indescifrables brazos por mi cuello, he llorado, bebido y escrito canciones que ya no son para ella. ¡Caray! Llevo hasta algunas presentaciones como actor. Y me empieza a gustar.

Tantas cosas han pasado en siete años que hasta me da miedo recordarlas. Tal vez sólo quiero recordar algunas cosas que pasamos durante esos interminables meses que siempre sí terminaron: me presenté en el Palacio de Bellas Artes una noche de noviembre; ella pasaba noches enteras entre mis sábanas y mis inexpertos besos; con ella vislumbré cómo era eso de querer; fui a museos; supe lo que era la amarga sed de alguien; escribí una buena canción y un buen cuento. Incluso, ese cuento me lo publicó años después Fernando Reyes en Fantasiofrenia II y a los chicos del CCH les gustó mucho.

Ahora ella vino de visita a la ciudad. Hace varios años que se fue a un insondable rancho en Veracruz y hoy me mandó un mensaje. Hasta platiqué un par de minutos con ella. Terminé mi trabajo y me fui a mi casa. No fui a verla. Si hubiera sido hace siete años hubiera corrido o abandonado mi clase de Lingüística por verla; hubiera deambulado por el metro Chabacano a las once de la noche pensando en cómo regresar a casa. Ahora, eso sería lo de menos. Tengo carro y ya puedo pagar un coche de alquiler. Sólo caminé por Donceles y sonreí. Al otro día entré a un cine, me senté en la sala ocho del Palacio Chino y bebí mi Icee de limón. Me aburrí sin remordimientos con Antonio Banderas y Morgan Freeman. De mi lado derecho, atentos, unos ojos descifraban las vueltas de tuerca de la peli y un helado de moka hacía fiesta con su lengua. Un beso o una risa, no lo recuerdo. Sólo sonreí y dejé esos siete años en las agendas que nunca llevo.
¡Cómo hemos cambiado!

JFC