jueves, noviembre 26, 2009

Inexistentes lectores, les dejo un texto que escribió un querido amigo para mi banda Vodeler. Espero que les guste,

JFC

Vodeler

(…) ecos de una música cálida y enervante
Charles Baudelaire

Una mirada atenta ante las transformaciones del nuevo siglo exige la reinterpretación de la cotidianidad. Un beso robado, la belleza de la mesera de un restaurante o la ventura de un escote indiscreto hacen, por fuerza, necesaria la celebración de la vida. Y el desasosiego ante la realidad brutal de un país en ruinas contrapuntea la sonrisa y la vuelve un gesto satisfechamente amargo: es la necesidad de nombrar todo otra vez, de decir de otro modo lo mismo.
Tres jóvenes músicos con el ímpetu ardoroso de sus veintitantos tratan de explicarse el mundo a través de acordes menores y sonidos electrónicos. A partir de una formación atípica (batería, dos guitarras, un piano y múltiples sonidos extraídos del fondo de una computadora Mac) conjugan con fortuna las influencias de rock británico de mitad del siglo XX con el sabor amargo de una cerveza en medio del desamor al más puro estilo de José Alfredo Jiménez. Vodeler encuentra en la tecnología un cauce para expandir las posibilidades sonoras que juegan en azarosos affaires con letras concebidas con pulcritud.
En esta banda capitalina se puede rastrear la búsqueda de una estética propia, de un rompimiento con los cánones podridos del rock nacional por medio de una ejecución cuidada, de un trabajo de composición ardoroso y de la apropiación de la vasta tradición literaria y musical de México. Víctor Contreras, Israel Ávila y Jesús Francisco Conde, miembros de Vodeler, se topan ante un camino no exento de incertidumbres y de escollos que, sin embargo, pueden transitar con fortuna si su tenacidad, talento y voluntad se lo permiten.

Alejandro Corso

miércoles, noviembre 18, 2009

29 FILIJ


Inexistentes y abandonados lectores, les cuento que fui a darme un rollin por los atestados pasillos de la FILIJ. Salí con tres libros de los cuales dos no vale la pena ni hablar. Del tercero sólo les digo que un gran texto puede ser arruinado por una edición cursi, abigarrada y muy condechi. O sea, en la "onda". Whatever it means.

Lo rescatable es que pude ver a mi amigo con su primer libro bajo el brazo y con una cruda que apenas y cargaba entre pecho y espalda. Ponto subo o publico o lo que sea una reseña de Aire en espera.

Después de engullir con fruición una baguette (¿alquien puede decirme si es una baguette o un baguette?) de salchicha acompañado de mis padres, me dispuse a sentarme en las áreas verdes del CNART para esperar el toquín de San Pascualito Rey. ¡Caray! Cómo me gusta esa banda. El maestro Otaola cada vez suena más acoplado y la banda adquiere matices etéreos interesantes. Lo único malo es (y no lo digo por envidia) el bataco. Redobles interesantes que nunca mete bien y caídas de tiempo espantosas. (Cuando tocaron Pervertidamente con secuencia se notó cabrón que su metrónomo estaba más pa' allá que pa' ca).

Y recordé.

O sí amables e inexistentes lectores que a lo largo de 134 entradas y dos años y medio de andanzas cibernéticas me han acompañado: siempre recuerdo.

Recordé cuando yo tenía que estar en esa feria diez días de ocho de la mañana a diez de la noche, cuando tenía que lidiar con papás crudos, cuando me iba a llorar detrás de mi carpa porque no aguantaba la presión, cuando en medio de lluvia y polvo tenía que aguantar las pendejadas de una astrónoma o una teatrera que se sentía Lady Macbeth, cuando...

Pero siempre hay recuerdos afortunados y/o divertidos. En mi primer año en la FILIJ, fueron a leer a mi carpa becarios de la FLM. Y miren, algunos años después, yo estoy en esta casa de Liverpool acomodando historias. Recuerdo que los miraba con una mezcla de envidia, rencor, odio y admiración. Era yo tan joven.

Y ahí conocí a los Arreola, a la Barranca, a Héctor de La Lupita, al Rocco... y empecé en las vicisitudes de la burocracia cultural que, por ahora y afortunadamente, se han acabado.

Eso deambulaba en mi mente cuando vi la figura de Pascual tomando su guitarra... y a cantar. ¡Caray! Cómo me gusta esa banda.

Y volví a recordar.

O sí, recordé. Recordé a una colibrí a la que le compuse una canción hace ya varios años. Esa canción ahora es parte del repertorio de Vodeler y parece que va a estar en el primer EP del grupo. En cuanto se amarre todo les platico de esta aventura. Estábamos, pues, en esa colibrí de ojos color... madres no me acuerdo. De cabello francamente desaliñando pero con un encanto bárbaro. ¿Dónde andará? Yo sé que estoy aquí y que la recuerdo, ella habrá notado mi existencia. Lo dudo. Así que cuando reciba un Grammy tendré que decir su nombre con todas sus letras: Val... sólo para balconearla. Y que le duela.


Así las cosas,


JFC

sábado, noviembre 07, 2009

ADIOS

Aunque las lágrimas que tengo son para los muertos, tal vez mis ojos brinden alguna por ti. De ti no sé qué escribir si no es alguna línea más. Recuerda que a partir de tus ojos miel empiezo a preferir el cianuro al tehuacán. Imagina que un seis de diciembre tomaré una amarga copa y musitaré tu nombre a media voz. A media voz... No creas que te escribo a ti. A nadie en particular salen estas líneas.

jueves, octubre 15, 2009

ERNESTO CARDENAL

El maestro Cardenal en la Fundación para las Letras Mexicanas, en donde escribo mis versitos. Cuando leyó el Epigrama, el segundo poema de la tarde, sentía ganas de beber una cerveza y gritar como si fuera un concierto de Metallica.
En la segunda foto está Ingrid Solana, compañera ensayista que presentó junto a Jorge Mendoza Romero al vate nicaragüense.

Las fotos son de Ramón Castillo, compañero de la especialidad de ensayo.

Aquí les dejo el poema.

EPIGRAMA
Al perderte yo a ti, tú y yo hemos perdido:
yo, porque tú eras lo que yo más amaba,
y tú, porque yo era el que te amaba más.
Pero de nosotros dos, tú pierdes más que yo:
porque yo podré amar a otras como te amaba a ti,
pero a ti nadie te amará como te amaba yo.

lunes, septiembre 21, 2009

CARTA A UN AMIGO

El tiempo pasa con prisa. A veces se estaciona en largos días pero siempre recupera su paso. Los años se suceden en paquidérmica certeza y nuestros ojos se pueblan de historias sin fin. El sábado te casaste. No puedo dejar de pensar en el día en que te conocí: llegaste con un tipo al que acababa de conocer en el metro Pantitlán. Él dijo que era bajista, yo empezaba en los avatares de la música. Llegaste con él a casa y pediste entrar al baño. Después tú te hiciste el bajista del grupo. Estuvimos juntos casi cinco años entre bares, fiestas y cervezas. En el rincón brujo platicábamos de todo aquello que en nuestra ardorosa post adolescencia cobraba relevancia inusitada. Alguna mujer, alguna materia, un partido de la selección o el barniz negro comprado en el tianguis se hacían trascendentalmente insulsos.

También tomábamos café en la Zona Rosa, me volaba alguna clase de Bellas Artes y Víctor, tú y yo teníamos en esa taza un futuro promisorio.

Míranos ahora. En un salón de fiesta en donde ya no es la boda de Michel ni algun toquín pagado en dólares nos sentamos tres ex integrantes de Caracol Nocturno. Es tu boda. De los cinco que soñábamos con vivir del rock tres han claudicado, tú entre ellos, sólo dos quedamos en la música viviendo por ella. ¿Quién se equivocó amigo? Nunca lo sabré de cierto.

Un pastel, pollo en alguna salsa y una botella de espantoso tequila acompañan las bromas y las risas que siempre son las mismas, o por lo menos siempre las disfruto. Con ustedes crecí y mi juventud transcurre entre ustedes.

¿Te acuerdas, querido amigo, de aquel viaje a Acapulco? Tomamos un autobús a las once de la noche y llegamos a las seis de la mañana para beber un café infernalmente caliente en el puerto que tenía treinta grados sobre su amanecer. Fui por una mujer, le canté y le dije que la quería. Te cuento que ella sigue rondando por ahí, indecisa de entrar a mis brazos otra vez. No importa mucho. En tu boda me di cuenta de la música que un vestido rojo puede provocar en mí.

Y mis historias devienen en kilos y arrugas de más, con menos dinero y más deudas, con el arrebato de saber perdida la batalla. Los absolutos en los que creía han ido cediendo su lugar para dejar sólo dudas.

¿Te conté de mi vida? Creo que no. No ha cambiado mucho. Sigo haciendo lo mismo desde hace años. Canto, toco y escribo. De vez en vez me enamoro y bebo en alguna cantina del centro. Ahora mi boca apunta indecorosamente hacia un nuevo sueño que se cocina entre mis huesos. No sé cómo termine. ¿Sabes? Ya no me importa. Sé que de amor nadie se muere y he aprendido que nadie muere de ausencia, que se olvida. Que sólo son dolores que se acumulan en el alma los que a veces nos mueven a reventar una lágrima en el Eje Central.

No sé si la viste. Te veías ocupado con ese trámite del casorio. Está exactamente a un metro con sesenta y tres centímetros sobre el nivel del mal. Los tacones tal vez añadieron un poco de estatura. Su vestido rojo largo estrechaba su talle hasta coquetar con la perfección. Su espalda blanca y tersa se volvió la obsesión de mis manos. Cada línea que escribí de su canción adquirió un cariz distinto. Ella caminaba en seis octavos, sus pasos daban un ritmo sutil a la vida del norte de la ciudad y mis ojos se perdían en el color miel de los suyos. Su voz franca, fuerte y de una áspera dulzura se regodeaba en mi oído para contarme algo, una travesura o un sueño.

Todo se acabó a las tres y media de la mañana. No sé qué estarías haciendo tú, amigo. Yo la dejé en la puerta de su casa, la besé y le dije que la quería. Sus ojos cansados me respondieron indescifrablemente y me fui casa a soñar con ella.

Amigo, nos falta una boda. Porque Víctor y yo seguimos aferrados a no dejar la soltería. De vez en cuando me imagino en sus brazos y sonrío. A veces me como un paste. En ocasiones canto en un bar de Satélite una canción de Metallica junto a ella. Un beso largo y suave, con su lengua venciendo en mis labios, se desdibuja con el paso de las horas. Esas, amigo, que se suceden en paquidérmica certeza mientras nuestros ojos y manos y labios se pueblan de nuevas historias.

JFC

viernes, septiembre 18, 2009

DE LOS PASTES Y OTROS DEMONIOS


Desde Wikipedia:
"El paste fue introducido a Hidalgo, junto con la minería y el fútbol por los ingenieros y las contratistas de Cornwall, Inglaterra que trabajaron en las minas hidalguenses en el siglo XIX.

Los pastes originales, de papa (patata) y picadillo de carne, guardan el calor y para la hora del almuerzo aún se conservaban calientes, la trencita de pan que tienen en un costado se usaba para sujetarlos y no la comían los mineros ya que no tenían oportunidad de lavarse las manos. En la actualidad se ha modificado mucho el paste, pero aún existen pequeños locales que guardan la receta original y la verdadera esencia del paste tradicional.

Como sucede con el caso de la pizza mexicana; el paste pasó un proceso de adaptación en suelo hidalguense, hoy en día se tienen variedades de paste rellenos de platillos tradicionales de la cocina mexicana como el mole; ingrediente que se distingue en un sincretismo culinario muy peculiar."

No es exacto. Lo siento, la omnipresente Wikipedia se equivoca rotundamente. Acaso, sólo es inexacta. Concedo.

En un paste, digamos de Ciudad Sahagún, cabe todo el aroma de la Alameda Central en un primer beso; la anchura de la Calzada México Tacuba a las dos de la mañana con el sabor dulce en los labios del ósculo certero que anuncia la despedida, asaz los ojos miel inmensamente profundos que evocan todas las metáforas del mundo; incluso cabe ese mínimo asomo de esperanza que se resbala por la medula de los huesos.

Inexistentes y abandonados lectores, no he escrito por desidia, por pereza, por baquetón, pues. Pero mi vida se voltea, se revuelca y en su desfile interminable de posibilidades me deja varado con más dudas que certezas. Obtuve una beca para escribir y en cuanto esté instalado les digo la noticia completa. Me deben lana del Vive. Dejo la burocracia cultural para dedicarme a Vodeler, a mi beca y al teatro. Quiero seguir actuando ya que se metió como dolor entre las muelas.

Pero por unos minutos disfrutables, con un paste crujiente entre los dientes, olvidé todas y cada una de las aristas de la cotidianidad: crisis, falta de agua, empleo, Arias (Raúl, of course), y la selénica indecisión que no me ha dejado en varios años. Pensé en ti y pensé que pensaste en mí. De Hidalgo a Ciudad Universitaria caminaron tus pasos y mis sueños.

Claro, también puede ser que (parafraseando a Freud) a veces un paste, sea sólo un paste.

JFC


martes, agosto 25, 2009

LO SABÍA

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John Lennon

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