jueves, noviembre 23, 2006

RECORDANDO A BONIFAZ

Con un nuevo amor bajo el brazo (una guitarra Ovation negra) me preparé para dormir. Unos minutos antes viajaba en mi auto por las pedregosas calles del oriente de la ciudad después de una desilusión más. La verdad es que me la busqué yo, o mejor dicho, ni siquiera intenté buscarla, preferí refugiarme en otras cosas, en mirar furtivamente y aguantarme las ganas de llorar. Contemplar a inconmensurables cinco metros de distancia una promisoria sonrisa fue todo, no me atreví a más. Vamos, ni siquiera la oportunidad de saber si me regalaría una tarde en un café. ¿Qué me costaba?
Pero así fue, y aquí estoy muriendo de frío con las manos congeladas (como músico, sentir las manos torpes y tiesas es un martirio) pensando en ella. Ni siquiera sería el primero, y muy probablemente tampoco el último albur de amor que jugaría. En fin, perdí una vez más y conmigo mismo, esas son las que duelen. Como dice Lizalde, una raya más al tigre.
Y mi amado Bonifaz, al que siempre recurro cuando de estos menesteres se trata, pongo una vez más un fragmento de este poema, que en cada fiesta donde oculto mi evidente imbecilidad al momento de bailar lo recuerdo.

Para los que llegan a las fiestas
ávidos de tiernas compañías,
y encuentran parejas impenetrables
y hermosas muchachas solas que dan miedo
—pues uno no sabe bailar, y es triste—;
los que se arrinconan con un vaso
de aguardiente oscuro y melancólico,
y odian hasta el fondo su miseria,
la envidia que sienten, los deseos;

para los que saben con amargura
que de la mujer que quieren les queda
nada más que un clavo fijo en la espalda
y algo tenue y acre, como el aroma
que guarda el revés de un guante olvidado;

para los que fueron invitados
una vez; aquéllos que se pusieron
el menos gastado de sus dos trajes
y fueron puntuales; y en una puerta
ya mucho después de entrados todos
supieron que no se cumpliría
la cita, y volvieron despreciándose.

Es posible despreciarse tanto y volver la mirada sobre lo que más se detesta de uno mismo y seguir sonriendo ante los demás. En fin, supongo que en noviembre del 2007 estaré escribiendo algo semejante.

JFC

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