martes, mayo 29, 2007

TOP 5 DE CURSILERÍAS

Así es queridos e inexistentes lectores, aquí está la lista que Cosmopolitan se negó a publicar de las cursilerías más inverosímiles que su servidor ha hecho por un par de féminas. Esto espero que compense el hecho que no tenga nada interesante que escribir. (Como si lo hubiera hecho antes). Aquí vamos.

5. Llorar mientras veía el final de Friends con una hermosa chica al lado. (Lo siento, me parecía injusto que Ross se quedara sin Rachel).
4. Escribirle una canción a otra hermosa chica y ponerle como título sus iniciales: I.M. (Más que cursi me parece falta de imaginación, además la rola era bastante mala). La grabé y se la entregué un jueves por la noche. (No entiendo cómo sólo pudo ver mi ego, digo, está bien que haya grabado yo solo el bajo, guitarra electroacústica, guitarra de doce cuerdas, bongós, voz y coros, y que se lo haya dicho, en fin...)
3. Ponerle a cada una de mis guitarras el nombre de cada una de ellas con las que he compartido algunas noches. (Sin comentarios... por cierto, no tengo tantas guitarras).
Aquí se puso difícil la decisión, pero respetando la cosa emocional, el resultado es este.
2. Correr como idiota cerca de 600 metros (para quien conozca la magnífica Ciudad Universitaria fue de la Biblioteca Samuel Ramos de la Facultad de Letras hasta el Superama de Av. Universidad) con zapatos de vestir y traje italiano a toda madre sólo para conseguir una chingada toalla femenina que la dueña de mis sueños, de ese entonces claro está, necesitaba con urgencia. Tiempo total: 7 minutos 52 segundos. Creo que es bastante bueno considerando que en cuanto llegué al super me encontré con 300000 marcas distintas y sin puta idea de la variedad de fisonomías. (Esto además de cursi me parece bastante estúpido, pero... cómo iba yo a saber que esos insumos femeninos se vendían en la tienda de periódicos situada a unos 5 metros de donde estaba).
1. Agarrar mi guitarra y tomar un autobús sin boleto de regreso y sin dinero hacia Acapulco sólo para cantarle una canción a una chica. Le dije que la quería y me regresé con una historia más, además de ser una cicatriz mayor.

2 comentarios:

J. Roberto Cruz-Arzabal dijo...

Vale, hermano, que no han estado tan malas las cinco; al menos hay en ellas cierto dejo de romanticismo decimonónico (incluso en la de la toalla que, a pesar de pragamatismo, implica un sacrificio ritual por quien se ama).
El primer lugar me recuerda cierta anécdota personal: una mujer, una relación extraña y construida sobre las firmes bases de la convivencia etílica, tres ociosos hombres, dos amigos queriendo apoyar a un lascivo novio, un viaje de muchos kilómetros en el estado de José Alfredo con múltiples en imprevistas escalas (Toluca-Yuriria-Acámbaro-Irapuato-Celaya-Juventino Rosas-Guanajuato-Dolores-Acámbaro), un reencuentro imprevisto, un cuarto de hotel, una botella, una duda... al final, sólo un viaje de amigos con muchos cigarros de por medio. Así las cosas. Un abrazo.

la alice dijo...

Jajajajajajaja

Lo que hace la gente por amor...