viernes, septiembre 18, 2009

DE LOS PASTES Y OTROS DEMONIOS


Desde Wikipedia:
"El paste fue introducido a Hidalgo, junto con la minería y el fútbol por los ingenieros y las contratistas de Cornwall, Inglaterra que trabajaron en las minas hidalguenses en el siglo XIX.

Los pastes originales, de papa (patata) y picadillo de carne, guardan el calor y para la hora del almuerzo aún se conservaban calientes, la trencita de pan que tienen en un costado se usaba para sujetarlos y no la comían los mineros ya que no tenían oportunidad de lavarse las manos. En la actualidad se ha modificado mucho el paste, pero aún existen pequeños locales que guardan la receta original y la verdadera esencia del paste tradicional.

Como sucede con el caso de la pizza mexicana; el paste pasó un proceso de adaptación en suelo hidalguense, hoy en día se tienen variedades de paste rellenos de platillos tradicionales de la cocina mexicana como el mole; ingrediente que se distingue en un sincretismo culinario muy peculiar."

No es exacto. Lo siento, la omnipresente Wikipedia se equivoca rotundamente. Acaso, sólo es inexacta. Concedo.

En un paste, digamos de Ciudad Sahagún, cabe todo el aroma de la Alameda Central en un primer beso; la anchura de la Calzada México Tacuba a las dos de la mañana con el sabor dulce en los labios del ósculo certero que anuncia la despedida, asaz los ojos miel inmensamente profundos que evocan todas las metáforas del mundo; incluso cabe ese mínimo asomo de esperanza que se resbala por la medula de los huesos.

Inexistentes y abandonados lectores, no he escrito por desidia, por pereza, por baquetón, pues. Pero mi vida se voltea, se revuelca y en su desfile interminable de posibilidades me deja varado con más dudas que certezas. Obtuve una beca para escribir y en cuanto esté instalado les digo la noticia completa. Me deben lana del Vive. Dejo la burocracia cultural para dedicarme a Vodeler, a mi beca y al teatro. Quiero seguir actuando ya que se metió como dolor entre las muelas.

Pero por unos minutos disfrutables, con un paste crujiente entre los dientes, olvidé todas y cada una de las aristas de la cotidianidad: crisis, falta de agua, empleo, Arias (Raúl, of course), y la selénica indecisión que no me ha dejado en varios años. Pensé en ti y pensé que pensaste en mí. De Hidalgo a Ciudad Universitaria caminaron tus pasos y mis sueños.

Claro, también puede ser que (parafraseando a Freud) a veces un paste, sea sólo un paste.

JFC


1 comentario:

Roberto Cruz Arzabal dijo...

Hermano, un paste pocas veces es sólo un paste. A ver si ahora que tu padre irá a vernos en la clase de Quirarte te das una vuelta con él. Hace mucho que no salen unas chelas de martes. Un abrazo, joven becario.